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martes, 7 de febrero de 2012

Antoni Tàpies (1923 - 2012) (II)

                                                                                 Lunes 6 de Febrero de 2012
Antoni Tàpies, uno de los maestros del arte de vanguardia del siglo XX y nombre imprescindible de la historia del arte español, ha muerto hoy a los 88 años. Tàpies nació en Barcelona en 1923 en una familia burguesa involucrada desde mediados del siglo XIX en una tradición editorial y librera que despertó muy pronto en el artista un amor por los libros y la lectura. Esta predisposición se vió acentuada por la larga convalecencia de una enfermedad pulmonar, durante la cual inició sus tanteos artísticos.
Progresivamente se dedicó con mayor intensidad al dibujo y la pintura, y acabó dejando sus estudios de Derecho para dedicarse plenamente a su pasión. En la década de los cuarenta ya exponía sus obras, que destacaban en la panorámica artística del momento.
Pintura matérica
Partícipe de una sensibilidad generalizada que afectó a los artistas de ambos lados del Atlántico, a raíz de la II Guerra Mundial y del lanzamiento de la bomba atómica, Tàpies expresó muy pronto un interés por la materia, la tierra, el polvo, los átomos y las partículas, que se plasmó formalmente en el uso de materiales ajenos a la expresión plástica academicista y en la experimentación de nuevas técnicas.
Las pinturas matéricas forman una parte sustancial de su obra. Tàpies creía que la noción de materia debía entenderse también desde la perspectiva del misticismo medieval como magia, mimesis y alquimia. En este sentido hay que entender el deseo del artista de que sus obras adquieran el poder de transformar nuestro interior.
Durante los años cincuenta y sesenta fue elaborando una serie de imágenes, generalmente extraídas de su entorno inmediato, que aparecerán en las distintas etapas de su evolución. Muchas veces, una misma imagen, además de aparecer representada de diversas formas, tiene múltiples significaciones diferenciadas que se irán superponiendo. Su mensaje se centra en la revaloración de lo que se considera bajo, repulsivo, material (no en vano Tàpies escoge a menudo temas tradicionalmente considerados desagradables y fetichistas, como un ano defecando, un zapato abandonado, una axila, un pie...).
Denuncia y protesta
Su obra fue siempre permeable a los acontecimientos políticos y sociales del momento. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, su compromiso político contra la dictadura de Franco se intensificó, y las obras de este período tienen un marcado carácter de denuncia y protesta. Coincidiendo con la eclosión del arte povera en Europa y el posminimalismo en EE.UU., Tàpies acentuó su trabajo con objetos, no mostrándolos tal como son, sino imprimiéndoles su sello e incorporándolos a su lenguaje. A principios de los ochenta, una vez restaurado el Estado de Derecho en España, el interés de Tàpies por la tela como soporte adquiere una fuerza renovada.
Durante esos años realiza obras con goma-espuma o con la técnica del aerosol, utiliza barnices y crea objetos y esculturas de tierra chamoteada o de bronce, y se mantiene muy activo en el campo de la obra gráfica. Por otra parte, a finales de los ochenta parece reforzarse su interés por la cultura oriental, una preocupación que ya se había ido gestando en los años de la posguerra y que se convierte cada vez más en una influencia filosófica fundamental en su obra, por su énfasis en lo material, por la identidad entre hombre y naturaleza y por la negación del dualismo de nuestra sociedad. Igualmente, Tàpies se siente atraído por una nueva generación de científicos, capaces de apoyar una visión del universo que entiende la materia como un todo, sometido al cambio y la formación constantes.
Reflexión sobre el dolor
Las obras de los últimos años constituyen esencialmente una reflexión sobre el dolor -físico y espiritual-, entendido como parte integrante de la vida. Influido por el pensamiento budista, Tàpies considera que un mayor conocimiento del dolor permite dulcificar sus efectos, y de este modo, mejorar la calidad de vida.
El paso del tiempo, que ha sido una constante en su obra, adquiere ahora nuevos matices, al vivirse como una experiencia personal que comporta un mejor autoconocimiento y una comprensión más clara del mundo que le rodea. Durante estos últimos años consolidó un lenguaje artístico que, por una parte, traduce plásticamente su concepción del arte, y por otra, unas preocupaciones filosóficas renovadas con el paso del tiempo. Su práctica artística siguió siendo permeable a la brutalidad del presente, a la vez que ofrecía una forma que, pese a su ductilidad, permanecía fiel a sus orígenes. En este sentido, las obras de los últimos años no sólo se inscriben en la contemporaneidad, sino que también son un registro del pasado del artista.
Obra gráfica y ensayo
Paralelamente a la producción pictórica y objetual, Tàpies fue desarrollando desde 1947 una intensa actividad en el campo de la obra gráfica. En este sentido, vale la pena destacar que el artista realizó un gran número de carpetas y libros de bibliófilo en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi, Ullán, Valente y Zambrano, entre otros.
Asimismo desarrolló una tarea de ensayista que dió lugar a una serie de publicaciones, algunas traducidas a distintos idiomas: La práctica del arte (1971), El arte contra la estética (1977), Memoria personal (1983), La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista (1989), El arte y sus lugares (1999) y Valor del arte (2001).










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